1.11.17

Catacumbas de Nápoles


Si hoy miramos hacia atrás, las costumbres y prácticas del pasado en torno a la muerte y los enterramientos nos parecen algo tan ajeno como incomprensible. Pero sin duda, conocer cómo concebían la muerte nos conduce a comprender también su visión de la vida y cómo ésta ha cambiado a lo largo de la historia. Y el barrio de La Sanità de Nápoles nos ofrece una oportunidad única para aprender sobre ello.


Este barrio situado fuera de la muralla y en una zona elevada, albergaba desde épocas griegas y paleocristianas diferentes cementerios que, aprovechando la resistente roca volcánica de la propia colina, excavaban en forma de cuevas.

Entre ellas, encontramos la peculiar catacumba de San Gaudioso, a la que se accede desde la Basílica de Santa Maria della Sanità. San Gaudioso fue un obispo del norte de África, que huyó de la persecución de los vándalos y se instaló en Nápoles, construyendo un monasterio en esta colina. A su muerte , fue enterrado en el cementerio del monasterio (entre el 451-453 d.C.), convirtiéndose a partir de entonces en lugar de culto.



Durante la Edad Media, la zona cayó en el abandono y el olvido, debido a deslizamientos de tierra y a los lodos del Vesubio que bloquearon las entradas y no fue hasta el siglo XVI que el viticultor que poseía estas tierras, encontró al ampliar su bodega subterránea una imagen de una virgen del siglo V-VI (es hoy la imagen de la virgen más antigua de la ciudad). Los terrenos fueron cedidos a los dominicos que construyeron un monasterio y reabrieron las catacumbas, ampliándolas e introduciendo un método de enterramiento insólito.

Este método especial se llamaba scolatura y consistía en introducir los cadáveres en unos nichos escavados en la roca en posición fetal para su drenaje. Debajo de los cuerpos había un vaso que recogía los fluidos durante el proceso de secado. Los schiattamuortos eran los encargados de empujar a los cadáveres que se iban hinchando durante la descomposición y agujereándolos para facilitar su drenaje. Es fácil imaginar que las insalubres condiciones de estas salas con decenas de cadáveres descomponiéndose, hiciera que estos schiattamuortos enfermaran con frecuencia. 
Cuando el proceso de drenaje finalizaba, los huesos del cadáver eran lavados y colocados en la sepultura de la catacumba. Por muy macabro que pueda parecernos, se consideraba un proceso de purificación, eliminando todo lo blando y perecedero, para llegar a lo duro e imperecedero, y estaba reservado sólo para los monjes y los nobles. 


Cantarelle o nichos para el proceso de scolatura

Los huesos de los monjes eran enterrados luego en tumbas excavadas en la sala donde estaba la tumba de San Gaudioso, una antigua cisterna romana. Los nobles, en cambio, eran colocados en una galería diferente que resulta la más llamativa y extraña. Las paredes de esta sala están decoradas con frescos donde podemos ver esqueletos ataviados con atuendos que representan la posición social del difunto. En el lugar donde se situaría la cabeza, encontramos unos agujeros en la pared en los que se colocaba el cráneo del difunto, mientras que el resto de los huesos eran colocados en las tumbas excavadas en la pared a cada lado de la galería. Las pinturas fueron realizadas por Giovanni Balducci, a cabo a cambio de ser enterrado en esta galería.


Murales con los huecos para los cráneos de los nobles


Además de San Gaudioso, en el barrio de La Sanità podemos encontrar otras dos catacumbas (San Severo y San Genaro) y el cementerio della Fontanelle, que completan una ruta necrológica.

La catacumba de San Genaro sorprende por su extremado tamaño, en comparación con las romanas (el techo del vestíbulo inferior llega a una altura de 6 metros). 


Vestíbulo del nivel superior

Su origen se remonta al siglo II, pero fue a raíz de acoger los restos de San Agrippino (primer patrón de Nápoles) que empezó a ampliarse, excavando nuevas galerías y salas, repartidos en dos niveles, dando la sensación de estar ante una ciudad subterránea. En algunas paredes pueden verse aún murales con símbolos paleocristianos.


tumba decorada con símbolos paleocristianos

El famoso cementerio della Fontanelle tiene su origen en el siglo XVI y durante el siglo XVII se destinó para los pobres de la ciudad (animes pezzentelles). En 1837 se trasladaron aquí los restos de todos los enterramientos que había dentro de la ciudad, por razones de sanidad. Como curiosidad, la costumbre que había hasta hace décadas, de adoptar un cráneo. La persona que adoptaba un cráneo se encargaba de limpiarlo y rezar por el alma del difunto. La cueva acoge hoy miles de cráneos y huesos apilados sobre las paredes.


Cementerio della Fontanelle. Fotógrafo: Jack Filippini

Estos tesoros se están poniendo en valor desde hace poco más de una década, en la que un grupo de jóvenes del barrio, desempleados y hartos de ver este patrimonio en el que se había invertido 1.200.000€ para abrirlo apenas unos meses y volverlo a cerrar, constituyeron una cooperativa y presentaron un proyecto al Ayuntamiento. Hoy en día, la cooperativa La Paranza gestiona las visitas a las Catacumbas de San Gaudioso, San Severo y San Genaro, así como al cementerio della Fontanelle. Una alternativa para la juventud de este barrio que es uno de los más afectados por el desempleo y la delincuencia de la ciudad.

Datos prácticos:
Entrada conjunta a San Gaudioso y San Genaro: 9 € (visita guiada en inglés o italiano)
Entrada al cementerio della Fontanelle: gratuita


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