28.8.17

La Basílica inconclusa de Aníbal González [Sevilla]

A veces encuentras en una ciudad vestigios, no sólo de lo que una vez fue, sino de lo que pudo haber sido.  Paseando hace unos años por la zona de la Buhaira, en el barrio de Nervión de Sevilla, me llamó la atención el acceso poco convencional de un restaurante: escalinata y anchas columnas de ladrillo. Cuando llegué a casa comencé a investigar y descubrí que eran los restos de un proyecto inacabado: La Basílica de La Milagrosa, del arquitecto Aníbal González.

Desde 1910 existía una pequeña capilla en una casa de la calle Quevedo con una talla de La Inmaculada que era muy reverenciada por el pueblo, con fama de milagrosa. Se decidió entonces construir una basílica más acorde al gran número de fieles que iban a verla a diario.  El lugar elegido fueron los terrenos donados a los jesuitas de Huerta del Rey, en las afueras de la ciudad. La Compañía de Jesús quería construir en dichos terrenos la Basílica y junto a ella, un gran centro educativo. Encargaron el proyecto al arquitecto Aníbal González y comenzaron a recaudar donativos para su construcción.

Aníbal González hizo un primer proyecto en 1920, pero su falta de tiempo (estaba en esos momentos al frente de las obras para la exposición iberoamericana del 29) unido a la insuficiente financiación, hicieron que el proyecto se postergase.



Pero en 1926 Aníbal González dimite como director de la exposición en la que llevaba quince años trabajando por diferencias con el comisario regio que había nombrado por Primo de Ribera para acelerar las obras. Al año siguiente, retoma el proyecto de la Basílica de la Milagrosa en la que parece querer dar salida a su despecho por haber sido apartado de la exposición iberoamericana construyendo una basílica que competía en dimensiones con la mismísim
a Catedral de Sevilla.

Las medidas que se contemplaban en el proyecto eran muy similares a las de la Catedral: Dos torres en su fachada de 100 m de altura (frente a la altura de la Giralda: 97,5m), con una superficie de casi 10.000m2 (catedral: 11.520m2) y precedida de una plaza de 120m2 con un gran obelisco similar al del Vaticano. El estilo elegido por Aníbal González es el neogótico, que quizás para esa época estaba ya un poco anticuado, pero que fue muy bien aceptado por los sevillanos.



El elevado presupuesto hace que se descarte por el momento construir el centro educativo y se apueste sólo por la basílica, cuyas obras dieron comienzo en 1928. El 6 de Julio de ese año se colocó la primera pìedra, en un acto presidido por el Cardenal Ilundai y la familia real. En los días siguientes comenzaron las obras de cimentación, que justo acababan de terminar cuando el 31 de mayo de 1929 fallece Aníbal González.
Debido a su muerte y a problemas con la financiación, el proyecto queda de nuevo parado. No será hasta los años 40 que los jesuitas ponen el proyecto en manos del arquitecto Antonio Illanes del Río. Pero tras un presupuesto inicial, deciden construir únicamente el centro educativo (el actual Colegio Portaceli) y abandonar definitivamente el proyecto de la basílica.

La imagen de la Inmaculada puede verse hoy en la Iglesia de San Lorenzo.


En 2003 se construyó un restaurante en los cimientos abandonados de la basílica, respetando sus peculiaridades arquitectónicas, lo que le otorga esa peculiar y majestuosa entrada y una terraza rodeada de robustas columnas.

Desde arriba se puede apreciar fácilmente la forma de cruz latina y de la girola del templo que no llegó a ser.




Agradecimientos:
Fue una suerte encontrar los blogs de Sevillanadas y Postalesyfotosantiguasdesevilla, de donde pude sacar la mayor parte de la información para este post. En el segundo encontraréis muchas fotos antiguas que documentan su historia.



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